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miércoles, 25 de febrero de 2026

Abogado en el ICA de Cartagena. Economista y Doctor en Empresa. Profesor del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas en la Universidad de Murcia.

El Efesé y el Gran Gatsby: de las luces a la cruda realidad

En portada

1. El espejismo.

Las luces del estadio Cartagonova brillaban como en la escena final de The Great Gatsby: exceso, champán, fuegos artificiales y una ilusión de prosperidad que parecía infinita. Todo relucía. Todo deslumbraba. Incluso aparecieron -a modo de justo contraste- los aguafiestas que alertaban del exceso, con luces largas, recibiendo el desprecio de quienes los consideraban prescindibles; pero, como en la novela de F. Scott Fitzgerald, la fiesta se sostuvo sobre una fragilidad que nadie -más bien casi nadie, salvo alguno de esos aguafiestas- quiso mirar demasiado de cerca -porque había demasiados intereses y un autoengaño colectivo comprensiblemente humano-.

El club vivió, al menos desde 2017, de esa misma paradoja: estadio lleno, relato ambicioso, promesas de grandeza, medias verdades -o directamente mentiras, como el famoso “deuda cero”- y entorno complaciente… y, al otro lado del telón, cuentas ordinarias asfixiadas, deuda que crecía sin respaldo patrimonial, ratios que alertaban de una deriva peligrosa y flujos de caja que no alcanzaban para sostener la escenografía. La luz encandiló y, por momentos, incluso enamoró y confundió a -casi- todos los invitados; pero el balance, ese que mide la capacidad real de acción, desnudaba por detrás toda la trama. Cuando el brillo se apagó, cuando las estrellas del firmamento albinegro dejaron de aparecer en escena -porque la realidad siempre supera a la ficción-, lo único que quedó no fue la ovación, sino el eco sonoro del cierre de una caja vacía, incapaz de seguir sosteniendo el destello del césped.

Tras dicha escena final llegó la realidad actual: el despertar del sueño colectivo. Era como si todos hubiesen estado embriagados por la esencia perfecta de Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de El Perfume, de Patrick Süskind, y se pasase del amor al odio sin proceso intermedio. Hubo colaboracionistas que extendieron el perfume por medios y rincones de todo tipo. Era un sacrilegio poner en duda la escena y cuestionar la legitimidad del entramado.

Dicha realidad actual se muestra a través de la incapacidad manifiesta en cada fichaje fallido; en cada promesa de inversión que no fructifica como se prometió; y, también, en cada temporada -o mercado- que no cierra sin sobresaltos. Tras dicha ilusión, tras la borrachera colectiva, la resaca de una realidad mucho menos épica que un gol en el último minuto: balances en rojo, deuda acumulada sin respaldo y una estructura que gasta como grande e ingresa como superviviente.

 

2. La radiografía actual.

Este no es un análisis deportivo -aunque le afecte-, sino una radiografía económica y financiera de un club moribundo si no se toman medidas legales y económicas urgentes. Lo que se pretende evitar es tener que hacer una autopsia definitiva. La masa social del club debe tener claro que el único partido del Cartagena no se juega los domingos, sino también a diario, en lo institucional: estrategia de club a largo plazo, táctica y operativa diaria; y en la capacidad -cada vez más limitada- de sostenerse sin caer en la suspensión de pagos, pues la entidad ya camina, desde hace mucho tiempo, en el alambre de la quiebra técnica contable.

Una mirada a las entrañas del club de Benipila muestra a las claras cómo la mala gestión ha sido una constante. Contrario a lo que suele decirse, la situación nace antes, incluso, del ascenso en Málaga de 2020. El club ha vivido, todo este lustro en Segunda División, en una situación de desequilibrio patrimonial grave. A una situación de este calibre no se llega por una mala gestión reciente, sino vía deterioro acumulado desde muchos años atrás.

Es decir, la situación económica del club no es el resultado de un tropiezo puntual, sino consecuencia de un deterioro prolongado en el tiempo. Hoy, con las últimas cuentas publicadas -a 30 de junio de 2025- el patrimonio neto del club se sitúa en 579.410 €. Esto es la diferencia entre lo que la entidad tiene como derechos (activos) y lo que debe o tiene como obligaciones (pasivos); esto es, una cifra que representa apenas el 13,5% del capital social, de 4,3 millones.

Por hablar de manera clara: cuando el patrimonio neto cae por debajo del 50% del capital, la ley obliga a actuar. No es una advertencia moral ni una interpretación subjetiva; es un mandato jurídico claro y objetivo. La sociedad está en causa de disolución conforme al artículo 363 de la Ley de Sociedades de Capital si no se adoptan medidas inmediatas. Se trata de algo que ha venido ocurriendo todos estos años en 2ª División, pero la liquidez se mantuvo y, por tanto, se corrió un tupido velo que enmascaraba muchos problemas. Es decir, se metieron los problemas debajo de una alfombra.

Los fondos propios de la SAD son negativos por -4.378.821 € -esto significa que las pérdidas acumuladas superan los recursos aportados por los socios-. Dicho en claro: el capital original ha quedado erosionado hasta el punto de perder su imagen fiel, lo cual sería argumento suficiente para reestructurar el balance y diluir las acciones, cuyo valor ya no es representativo de la realidad. Aunque el patrimonio neto figure en positivo, la letra pequeña del balance muestra otra cosa. Por un lado, refleja un riesgo legal según la Ley de Sociedades; por otro, los fondos propios están consumidos y solo sobreviven gracias a ajustes contables que no generan ni caja ni capacidad operativa, como las enormes subvenciones de las que goza la sociedad.

Hay que ser reiterativos en que no estamos ante un simple ejercicio malo -lo cual hace más grave que se taparan las vergüenzas durante tanto tiempo-: años de resultados negativos, de aires de grandeza, de posturas reactivas y no proactivas, han ido debilitando la estructura del club hasta dejarla sin colchón. De ahí que se hable de quiebra contable: la empresa, sobre el papel, vale menos de lo que debe; y esa situación no se corrige con una buena temporada deportiva ni con un ingreso extraordinario puntual.

El problema más urgente, sin embargo, es la liquidez, algo esperable tras caer del fútbol profesional, aunque ya era un problema desde 2021. El fondo de maniobra es de –4,2 millones € -lo que significa que las deudas a corto plazo superan ampliamente los recursos disponibles para afrontarlas-. El ratio de liquidez es 0,23: por cada euro que vence en el corto plazo, el club dispone de solo 23 céntimos para afrontarlo.

La tesorería -la caja que entra y sale todos los días- representa apenas el 0,05% del activo total. Dicho sin tecnicismos: la caja está prácticamente vacía. Además, el EBITDA, es decir, el dinero que genera el negocio con su actividad normal antes de pagar deudas, impuestos y descontar el desgaste contable de sus activos, está en 237.000 €, lo cual no alcanza para cubrir amortizaciones (2,7 millones) ni gastos financieros por 500.000 €, siendo estos últimos muy relevantes, pues reflejan lo que el club paga por préstamos e intereses. Todo ello evidencia que la actividad ordinaria no genera recursos suficientes para sostener la estructura actual.

En conjunto, las obligaciones del club -deuda financiera (7,5 millones €), comercial (1,1 millones €), institucional (2,2 millones €), laboral (225.000 €) provisiones (900.000 €) e impuestos diferidos (1,6 millones €)- rondan los 13,7 millones €. No es este el principal problema, sino la capacidad para afrontarlo.

A ello se suma el deterioro de la solvencia general. En 2024, el club presentaba un activo total de 16.272.399,35 € frente a un pasivo de 12.730.746,20 €, lo que arrojaba una ratio de solvencia de 1,28. Es decir, por cada euro de deuda existían 1,28 € en activos. Sin embargo, a cierre de 2025, el activo se reduce hasta 14.292.205,74 €, mientras que el pasivo asciende a 13.712.795,40 €, dejando la ratio en un preocupante 1,04. En términos simples: el margen de seguridad patrimonial se ha estrechado casi por completo. Basta un nuevo deterioro –una pérdida, un ajuste o un activo que se deteriore– para que el pasivo supere al activo y el club cruce la línea que separa la fragilidad de la insolvencia patrimonial.

Como vemos, el escenario actual activa no solo alarmas económicas y financieras, sino también deberes legales. Esto no implica cierre automático, pero sí impone a los administradores la obligación de convocar junta y adoptar medidas correctoras inmediatas. La inacción ya no es una opción jurídica neutra: puede generar responsabilidad personal y complicar mucho el futuro del Efesé.

3. Las soluciones.

Viendo este escenario tan negro, uno debe acudir a las posibles soluciones. La primera vía es la de la recapitalización inmediata del club. Esto puede hacerse mediante ampliación de capital con aportaciones dinerarias -entrada de nuevos inversores o esfuerzo adicional de los actuales- o mediante una operación acordeón -reducción de capital para compensar pérdidas y posterior ampliación- que restituya el equilibrio patrimonial. Sin reforzar fondos propios -es decir, sin reconstruir el colchón que protege frente a pérdidas-, cualquier refinanciación será provisional y frágil.

Otra solución, la segunda, sería la refinanciación del pasivo debido a la tensión extrema que hay en cuanto a deudas y obligaciones a corto plazo -de 5,4 millones-. Es imprescindible negociar quitas, esperas o calendarios realistas con acreedores financieros, proveedores y Administraciones Públicas (Hacienda, que ya aprieta, o la Seguridad Social) -siempre que el tipo de deuda lo permita-.

Aquí cobra sentido el preconcurso de acreedores como herramienta ordenada de negociación: no como estigma o pesadilla, sino como mecanismo jurídico de protección mientras se acuerda una reestructuración viable. Lo más interesante sería reducir carga financiera -renegociar intereses- o renegociar deuda a corto por deuda a largo -que ya alcanza los 8,2 millones entre deudas, provisiones o impuesto diferido-; o, fuera de sede judicial, un plan de renegociación privada de deuda, contemplado en la normativa concursal vigente.

La tercera línea de actuación debe ser operativa y estructural. Es evidente que el modelo económico y financiero necesita ajustes. Por ejemplo, mediante una verdadera reestructuración de deuda -no confundir con una simple refinanciación-. Reestructurar implica, además, que se presente un plan de viabilidad claro que mejore el marco real de gestión. Por ejemplo: reducir costes estructurales, revisar contratos de personal o alquileres -muy importante el arrendamiento financiero de La Manga, por más de 300.000€ anuales-, dimensionar plantilla, renegociar concesiones, clarificar el estado del acuerdo CVC con sus eventuales esperas o carencias (fuera de LFP) y adecuar el presupuesto deportivo a la capacidad real de generación de ingresos. Todo esto no es una cuestión estratégica opcional, sino condición de supervivencia del club. No se puede sostener una estructura de élite con ingresos de resistencia.

El club necesita aproximadamente 4,6 millones para recuperar un equilibrio y estabilizar su balance a medio plazo. Sin esa inyección o sin una reestructuración profunda y creíble, el riesgo de un nuevo concurso de acreedores es real. Esto no supondría el fin, como ya vimos en 2014 y 2015, pero sí complicaría más las cosas. La situación, aun siendo grave, es jurídicamente reversible si se actúa con rapidez, transparencia y un plan empresarial serio.

Ese plan empresarial serio, en un club de fútbol que es imagen de toda una comarca, debe ir acompañado, como cuarta línea de actuación, de una política rigurosa en cuanto a trato con proveedores y con la masa social del club. Aun cuando las necesidades de liquidez y de capital son importantes, nunca estará de más abrir pequeños paquetes accionariales a una eventual asociación de accionistas minoritarios; e incluso a acreedores -que pueden ser también proveedores- vía ampliaciones de capital por condonación de deuda o compensación de créditos.

La quinta línea de actuación es la modernización de procesos y procedimientos: y la explotación de recursos, como por ejemplo el naming respecto al estadio Cartagonova. Es algo que ya da frutos en clubes que, hasta hace no mucho, estaban en similar o peor situación. Debe ser trabajo conjunto con el Ayuntamiento de Cartagena, por su poder institucional y su propiedad sobre el activo.

La diferencia entre la continuidad y la insolvencia definitiva no está en el marcador deportivo, que también, sino en la capacidad de anticiparse, asumir la realidad y ejecutar decisiones integrales sin más demora. Es necesario que haya naturalidad, valentía y mirada al frente, como cuando un ganador salta al campo para triunfar en el partido de su vida. Seguir en la mentira o en la falsa ilusión de los Felices Años Veinte, del Gran Gatsby, nos abocaría a la catástrofe; abrir los ojos y actuar nos llevará a disfrutar de un club nuestro, mucho más arraigado y cada vez más grande y resiliente. ¿No es eso mucho más ilusionante? Dejo una última reflexión: la luz verde no está al otro lado de la bahía, sino en el balance. Sólo será visible si dejamos de mirar los fuegos artificiales.

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