La brecha salarial entre mujeres y hombres se situó en el 15,74% en 2023, lo que supone una diferencia media anual de 4.781,18 euros, según el estudio La brecha retributiva entre mujeres y hombres: causas, evolución y consecuencias, elaborado por Fundación Mujeres y presentado por el Instituto de las Mujeres.
El informe se basa en la última Encuesta Anual de Estructura Salarial publicada en 2025 por el Instituto Nacional de Estadística, correspondiente a datos de 2023. Según esta fuente, la ganancia media anual de los hombres fue de 30.372,49 euros, frente a los 25.591,31 euros percibidos por las mujeres.
La evolución de la serie histórica entre 2008 y 2023 refleja que el nivel actual del 15,74% es el más bajo del periodo analizado, mientras que el valor más elevado se registró en 2013, cuando alcanzó el 23,99%.
Diferencias por edad y formación
Por grupos de edad, el estudio señala que existen brechas en todos los tramos. En 2023, la más elevada se registró entre las personas de 55 a 59 años, con un 19,39%, mientras que la más reducida se situó en la franja de 25 a 29 años, con un 6,91%. El análisis indica que la brecha se incrementa a medida que avanza la edad, especialmente entre los 45 y 59 años, lo que apunta a una ampliación de las diferencias retributivas a lo largo de la trayectoria laboral.
En cuanto al nivel formativo, la mayor brecha, del 29,89%, se produjo entre personas con Formación Profesional de Grado Superior y estudios primarios, mientras que la menor se observó en estudios universitarios, en particular en diplomaturas, con un 16,69%. El estudio atribuye las diferencias en Formación Profesional a la segregación por sexo en las familias profesionales y a la menor valoración económica de ocupaciones feminizadas.
El informe también identifica como factores explicativos la segregación formativa y la posterior segregación horizontal y vertical en el mercado laboral, que sitúa a mujeres en ocupaciones con menores escalas salariales. Además, señala que las mujeres continúan asumiendo tareas domésticas y de cuidado y ajustando su participación laboral, «con el correspondiente impacto en sus carreras profesionales e ingresos presentes y futuros».
Según el estudio, «este impacto se aprecia con mayor claridad en los hogares monomarentales, y en las pensiones, que reflejan las discriminaciones y diferencias en los ingresos y cotizaciones que las mujeres han ido acumulando a lo largo de sus vidas, traducidas en un mayor riesgo de pobreza en su vejez». Asimismo, apunta a una «sistemática atribución de menor valor» al trabajo femenino, que se traduce en sesgos en la valoración profesional y salarial.
