La guerra en Irán convierte el estiércol y el purín de las granjas de la Región en oro

Según datos de COAG, la urea ha pasado de 430 a 750 dólares por tonelada, un 75% de encarecimiento y los insumos agrícolas están en máximos históricos

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La guerra en Irán ha desencadenado en pocas semanas la mayor subida del precio de los fertilizantes desde la crisis de 2022: la urea ha pasado de 430 a 750 dólares por tonelada, un 75% de encarecimiento y los insumos agrícolas están en máximos históricos. Pero en medio de esta tormenta, el sector ganadero de la Región de Murcia y en general el español emerge como un actor decisivo: sus explotaciones producen cada año una significativa cantidad de nutrientes orgánicos, purines y estiércoles, que pueden sustituir en parte a los fertilizantes químicos que Europa no puede permitirse comprar.

El Golfo Pérsico produce casi la mitad de la urea mundial y concentra más de un tercio de todo el comercio global de fertilizantes. Cuando el conflicto en Irán interrumpió los flujos logísticos a través del estrecho de Ormuz, los precios reaccionaron con una velocidad que los mercados no veían desde la pandemia y la guerra de Ucrania.

Para España, el impacto es doble: compra en el exterior el 60% de los fertilizantes que consume y sus agricultores soportan ya un sobrecoste estimado de más de 1.000 millones de euros anuales. El maíz, el trigo, el arroz y las hortalizas, nuestros cultivos más intensivos en nitrógeno, están encajando subidas de entre 80 y 250 euros por hectárea en el coste de fertilización:

En este escenario, los ganaderos españoles poseen algo que no cotiza en ningún mercado de materias primas: una producción constante, local y de alto valor agronómico de nutrientes orgánicos. Los purines del porcino y los estiércoles del vacuno, ovino y avícola contienen nitrógeno, fósforo y potasio en proporciones que los hacen funcionalmente equivalentes, (o superiores en efectos sobre el suelo), a los fertilizantes sintéticos que hoy escasean y se encarecen.

El valor agronómico del purín porcino puede alcanzar los 5-7 euros por metro cúbico, frente a un coste de gestión en torno a 2,5 euros, (datos del CITA de Aragón, Porcinova).  Lo que antes era una partida de gasto se ha convertido en un activo económico con margen positivo.

Por ejemplo, Cataluña concentra más de ocho millones de cabezas porcinas, el 25% del censo nacional y genera más de 1,4 millones de toneladas de purines excedentarios al año. Estos números, que hasta hace poco se leían como un desafío logístico, se leen hoy como una ventaja competitiva territorial.

En las comunidades con mayor concentración ganadera de España, como la Región de Murcia, Cataluña, Aragón y Castilla y León, se están consolidando ya prácticas que hace dos años eran excepcionales. Así, destacan el transporte de purines entre comarcas y comunidades hacia zonas agrícolas deficitarias en materia orgánica, los acuerdos económicos directos entre ganaderos y agricultores, con precios pactados por tonelada o metro cúbico, las plataformas digitales de intercambio de nutrientes, como la pionera ESFER en Cataluña, impulsada por la ARC y el DARP o la valorización energética mediante digestión anaerobia, que produce biogás y un digestato con alto valor fertilizante.

Lo que hasta ayer era un problema logístico se está convirtiendo en un mercado. Los nutrientes orgánicos de la ganadería española empiezan a cotizar como un commodity agrario de proximidad, sin dependencia del precio del gas ni de las rutas del Golfo Pérsico.

En este sentido, desde COAG reclaman a las administraciones que acompañen este cambio estructural con políticas que permitan al sector ganadero capitalizar plenamente su nuevo rol. Entre las medidas, la organización agraria reclama el reconocimiento del estiércol y el purín como recurso, no como residuo, para lo que exige simplificar trámites y eliminar barreras normativas para su comercialización, equiparando su tratamiento normativo al de otros fertilizantes convencionales; invertir en infraestructuras de valorización, una plataforma nacional de intercambio de nutrientes orgánicos, el apoyo a la digestión anaerobia en explotaciones medianas o el asesoramiento técnico para la gestión agronómica del purín.

Asimismo, COAG reclama que se abra, a nivel europeo, un debate sobre la adecuación de los límites actuales de aplicación de nutrientes orgánicos en el contexto de crisis de fertilizantes. Europa no puede seguir dependiendo de importaciones para cubrir necesidades que su propia cabaña ganadera ya produce: los estiércoles y purines representan una fuente inmediata, local y renovable de nutrientes que debería gestionarse con criterios agronómicos actualizados, sin comprometer la protección medioambiental. “De hecho, varios países de la Unión Europea, como Irlanda, Dinamarca, Alemania, Austria o Países Bajos, ya aplican derogaciones a la normativa actual y permiten superar el límite de 170 kg de nitrógeno por hectárea/ año, hasta los 230 kg, bajo condiciones controladas. España no debe quedarse atrás en un contexto de crisis de fertilizantes y necesidad de autonomía estratégica”, ha apostillado Jaume Bernis, responsable de sectores ganaderos de COAG.

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